La Cultura de Masas. Resacralización de la sociedad

Jordi Ollé i López

La Cultura als mitjans de comunicació

Profesor: David Barba

La Cultura de Masas. Resacralización de la sociedad

Miércoles, 7 de la tarde. Llegamos a casa cansados de una dura jornada laboral, y mientras devoramos un bocado rápido encendemos la televisión en un acto casi automático y nos dejamos caer en el sofá. A quien no le haya pasado esto que tire la primera piedra. Bien, pues hay gente a quien le ocurre más bien poco. Hay gente que sólo ve la televisión para ver los informativos y el fútbol del fin de semana, o incluso ni eso. Contando que este es un caso que le sucede a un porcentaje muy bajo de la sociedad actual, dejaré a este sector de lado para centrarme en el resto. No pretendo condenar a las masas, sino los medios de comunicación, los que dirigen en realidad los programas emitidos que absorben la mente frágil del individuo postmoderno.

Cuesta entender qué es lo que atrae a la gente el hecho de saber lo que pasa en las vidas de otras personas. Es cierto que el ser humano es morboso por naturaleza, de eso no hay duda. Pero la información gratuita que da la gente por aparecer en un programa de televisión “me he tirado a nosequién, me lié con nosecuántos, tu mujer es toxicómana y vendiste una exclusiva….” parece ser que le interesa a mucha gente, porque sino éstos programas habrían desaparecido. Pues ya vemos que no, porque programas del tipo “El diario de Patricia” o “La noria” no han hecho más que subir la audiencia en los últimos años. La prensa rosa se apodera de la televisión y gana share respecto a los programas educativos, informativos, infantiles o de entretenimiento. Además de ello, queda agravada la cuestión ya que en la mayoría de los casos siempre hay cierto toque erótico o sexual en estos programas, gancho fundamental -en gran parte de los casos- para atraer la atención de gente  aburrida de su vida, de su cónyuge y necesitados de morbo extra.

La cuestión es por qué le interesa a la gente la vida de los demás. Tengo una hipótesis: la gente no está contenta con su propia vida, cree que ésta es una mierda (del trabajo a casa, de casa al trabajo, comer, dormir, trabajar, pagar facturas, dolores de cabeza…) y prefiere desinhibirse escuchando las banalidades de los demás, ya que su vida (cree) es una basura. Pero, ¿por qué hemos llegado al punto de creer que nuestra vida no vale nada? ¿No valoramos lo que tenemos alrededor? ¿Se nos ha olvidado que sólo vivimos una vez? Claro, cada uno gasta su vida como más le apetece. El sentido que cada uno le da a su vida es respetable. Pero volviendo a la cuestión anterior, ¿dónde están aquellos “antiguos” valores culturales de nuestra sociedad? Me refiero, por supuesto, a la literatura, el interés histórico, por la sociedad, por la política y por todo aquello que nos rodea y nos hace humanos. ¿Es que ahora nuestra cultura está en la televisión? ¿Es que ahora nos tenemos que regir por lo que vemos en la pequeña pantalla? Un artículo de Javier Marías en El País Semanal[1] me hizo pensar en ello. En este artículo, el periodista arguyó que los anuncios televisivos manipulaban de tal forma a la sociedad que ni siquiera nos damos cuenta, ni siquiera aquellos con ideales más férreos, de que nos están tomando el pelo y nos dan gato por liebre. Javier Marías pone como ejemplo los spots en que la mayoría de veces las protagonistas son femeninas y se dibujan como una lacra de la sociedad. El periodista argumenta que la cultura de la televisión ha convertido a la mujer en una especie de alienígena llena de defectos que “debe” solucionar con todos los productos que se anuncian, tales como correctores de arrugas, tintes para canas, liposucciones, etc. Pero de eso poco nos damos cuenta. Lo aceptamos sin más.

De manera progresiva, los medios de comunicación han incrementado esa campaña agresiva para fomentar que las mujeres hayan de tener un cuerpo diez y que los hombres tengan coches caros. Véase las campañas “operación bikini”, “maquillaje de película”, etc. El problema es que las personas que creen que están al margen de ello, que creemos que no va con nosotros, acabamos asimilando inconscientemente esa información y nos pasamos la vida haciendo sacrificios intentando ser aceptados por el resto de la sociedad.

Hace un tiempo se me quedó grabada una frase que creo que no resume, pero puede servir para entender parte de lo que estoy comentando. “La masa se está resacralizando, y se orienta a otro ámbito”. Desde que el profesor David Barba la comentó en clase (no sé si es realmente el autor o citaba a alguien) no he dejado de darle vueltas. Me hizo pensar en la cuestión.

Opino que el individuo está perdiendo su identidad personal para convertirse en un individuo más de la sociedad. La gente se comporta como se comporta su vecino, y compra la ropa en Zara, y lleva las gafas D&G y ese teléfono de última generación que se anuncia en grandes carteles del Passeig de Gràcia. Pero es que lo que más llama la atención es que nos creemos que somos originales y únicos. Que nadie es como nosotros, que somos especiales. Creemos que somos los únicos que escuchamos cierta música y vestimos de cierta manera, pero la realidad es que es algo en que los medios han incidido para que no sea así. Nada en el mundo es excepcional. La sociedad se está rigiendo por unos valores preestablecidos por los medios y las modas, haciéndonos creer que somos exclusivos. Y mientras la sociedad se aborrega de forma irreversible se está forjando una idea de superego en el individuo. Y a la vez estamos dejando de pensar por nosotros mismos y nos dejamos llevar por lo que nos meten en la cabeza –sin ir más lejos, los anuncios televisivos-. Hablando de este tema, sería bueno citar a Marshall McLuhan, que dijo que somos lo que vemos, y creamos los medios para que luego ellos nos creen o nos configuren a nosotros. Curioso.

Dando un giro al tema aunque sin desviarme excesivamente de la cuestión, estaría bien que recordara cómo ocurrió el surgimiento de la cultura de las masas. Aunque muchos pensadores a lo largo del siglo XX han presagiado el surgimiento de la cultura de las masas y el consumismo -fruto del sistema económico capitalista-, mencionaría con especial atención a Walter Benjamin por ser el primero en anunciar la aparición de este fenómeno en los años 30 del siglo pasado: en su obra La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936), Benjamin nos augura un proceso tecnológico en que la reproducción en serie de las cadenas de montaje (tanto en ingeniería como en arte) llevarían a un consumismo en el que las masas tendrían el protagonismo (cabe decir que en los años 20 John Ford innovó en este sistema y fue el arquetipo de construcción en cadena). La cultura dejaría de ser elitista para convertirse en algo para todos y que llegara a todo el mundo. Pero el aborregamiento de la sociedad no queda aquí. Esto fue sólo el principio. Después de la depresión y la Segunda Guerra Mundial, en los años sesenta, en el arte llegó Jasper Johns, Robert Raushenberg y Andy Warhol con su Pop Art; en la música apareció Elvis y los Beatles, haciendo olvidar a la juventud que crecieron con una guerra y haciéndola rebelarse contra los valores represivos clamando liberación.  Con ello se convirtió la música en un hecho popular de masas. Y en los setenta aparecieron los blockbuster en el cine, los hippies y el punk. Y la televisión, aunque se inventó hace casi un siglo, no fue un género de masas hasta hace bien poco. Pero en los últimos 15 años ha surgido otro elemento que ha hecho cambiar al mundo entero: internet.

La televisión e internet han sido bajo mi punto de vista los máximos causantes del cambio de la sociedad. Estos dos elementos han condicionado en demasía la vida de la sociedad mundial. Empezando por el ejemplo del primer fragmento de este texto. El ser humano está dejando de ser subjetivo; la Iglesia ya no es un modelo de vida a seguir, ni la conquista de la Luna nos hará más libres. ¿Quién nos guía hoy en día? ¿Nosotros mismos? ¿El libre albedrío? No. La respuesta es la televisión y la publicidad. Y desde los últimos años también se ha sumado internet, haciendo de la sociedad a seres más solitarios. La gente se pasa las tardes mirando vídeos en Youtube, o simplemente cotilleando en el muro de Facebook. Y con eso nos contentamos. Las conversaciones entre jóvenes hoy en día -y hablo con conocimiento de causa- se reducen a “me ha colgado una nota en el muro”, “has visto qué foto puso en el fotolog” y “mira el vídeo de nuestra fiesta en youtube”. Estos son los temas de diversión de la juventud. Conversaciones de jóvenes de entre catorce y dieciocho años que no saben donde están ni saben lo que quieren, que han nacido ya con internet y no tienen ni idea de lo que quieren ser en la vida. Por no saber, no saben ni quién es José Montilla (comprobado).

Los jóvenes cada vez se interesan menos por los temas culturales y prefieren internet, la ropa cara y otras tendencias. Aunque creo que tengo una teoría para ello: los padres de estos jóvenes son los nacidos en los años sesenta, los primeros que tuvieron libertades y que crecieron en los setenta. La sociedad evoluciona según los sucesos, así que éste pasaje es superable. Y aunque mejoremos, luego volveremos otra vez atrás. Nuestra historia es una evolución progresiva en caída, y somos el producto de esto.

Sin lugar a dudas vivimos en un mundo de apariencias donde la hiperrealidad se hace patente en cualquier lugar. El simulacro, las apariencias… son las bases del consumismo. Hoy en día la gente cree (o nos hacen creer) que la felicidad se consigue a través de tener dos casas, un Audi y viajar a Hawaii con full-equip. ¡Pero todo son apariencias! ¡No nos damos cuenta! Si la apariencia es la vida, ¿cómo vivimos? ¡Estamos viviendo en un sueño!

¿Es posible cambiar este mundo hiperreal de aborregamiento? Aunque se fomente la cultura y esté al alcance de todos sólo va a ir la gente que realmente le interese. Estas iniciativas no triunfan, ya que nos han metido en la cabeza que la cultura es aburrida. La sociedad está contaminada y la cultura de masas nunca se va a extinguir. Aunque André Fontaine crea que es posible y opine que hay que invitar a la gente a la cultura y no permanecer neutral a la uniformización de ésta. La defensa de la cultura contra el totalitarismo, la conservación de la lengua, amar la cultura. Pero no hay que quedarse quieto: la guerra contra el inconformismo y la cruzada contra el genocidio cultural debe empezar por nosotros, desde abajo. ¿Es posible?


[1] El País Semanal del domingo 19 de Julio de 2009, pág. 98.

La Cultura de Masas. Resacralización de la sociedad